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Una mujer revuelve las ilusiones perdidas, desfilan ante nosotros las vidas que pudo vivir —y no vivió y no vivirá más que en la imaginación—. Como una matrioska esa mujer contiene a la lavandera, a la prostituta, a la gitana, a la ladrona y, también, como tantas han deseado, a la bruja. En la segunda parte del libro —revés de la galería de espejos a la que asistimos en la primera— la mujer recorre los paisajes de la muerte muy lejos del bucólico pueblo de sus afectos para descubrir, al final de su viaje, la herida que la atraviesa y la deforma.
Ilustraciones de Luisa Góngora.
Colección Charquito de arrabal
Poesía