La misma noche en que misteriosamente desaparece un poeta, en un edificio en el centro de Bogotá, son hurtados 1.500 fusiles de precisión de un depósito dentro de la misma edificación. Es noviembre del año 80: el Estatuto de seguridad impera en las calles, las guerrillas reclutan jóvenes en los centros universitarios y tres detectives, pertenecientes a las fuerzas de seguridad del Estado, tendrán que hacerse cargo de una investigación sin precedentes en la historia reciente del país.
En esta novela abuelos de bronce juegan Parqués día y noche, los tangos suenan mientras caen reventados a balazos los agentes del F2, los vendedores de basuco aguardan en los callejones siniestros, los niños toman CocaCola y la amistad ilumina todas las cosas. Con Algún día mi radio será Phillips, Jacobo Santiago nos entrega su segundo policial: una novela que indaga nuestra relación con la violencia, los barrios al margen de una Bogotá alucinada, el archivo como fuente de promesa y la amistad como fuerza renovadora.